RAQUEL RUIZ


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1 comentario:

  1. Hace unos años asistí a un curso de nuevas tecnologias en la educación física. Hasta el momento era consciente de que los alumnos hacían mucho uso de las mismas y que le daban gran importancia a su imagen en las redes sociales, les gustaban realizar trabajos en power point o grabarse con el móvil en algunos momentos, hecho que empezaba a considerarse un problema en los centros.

    Sin embargo, en el primer día de aquel curso a la mayoría de los profesores de educación física nos costó conciliar el sueño. Algunos compañeros nos enseñaron que coexistíamos en un mundo nuevo. Las nuevas tecnologías empezaban a ocupar muchas de las parcelas del ser humano y la tecnología más puntera buscaba además estar presente en los momentos más íntimos y cotidianos de las personas. Recuerdo ver con la boca abierta este video futurista:
    https://www.youtube.com/watch?v=VF2mKavngHE

    Lo siguiente fue aún peor, nos explicaron como debido a las nuevas tecnologías hay estudios que demostraban que los cerebros de nuestros alumnos no funcionan igual que los nuestros. Los suyos han crecido bajo el influjo de estímulos continuos y por ello funcionan a una mayor velocidad para discriminarlos, teniendo además mayor capacidad para realizar mentalmente varias tareas al tiempo. Cada mensaje que como profesor trasmitimos tiene sólo aproximadamente 3 segundos para que la mente de un alumno decida si ese estímulo merece o no su atención. Era una de las razones que explicaban la desmotivación creciente de nuestros alumnos en las aulas.

    Para colmo, como profesores de educación física, tan cerca del espacio real, del cuerpo físico, del movimiento y de las emociones en su estado más puro. ¿Qué íbamos a enseñar si las vidas se trasladaban al mundo virtual? Así los compañeros finalizaban su reflexión invitándonos a subirnos o a bajar del barco.

    Después de mucho apoyo por nuestros compañeros y de una gran reflexión personal, decidí subirme al barco ;).

    Arriba descubrí que las nuevas tecnologías no sólo eran compatibles con mi enseñanza si no que me abrían nuevos caminos hacia la creatividad. También me ayudaron a acercarme a mis alumnos y descubrir que ellos también se encuentran en su momento de transición; desorientados y deseosos de cumplir las expectativas que esta nueva sociedad les obliga. Y que mi papel como profesora seguía siendo cogerlos de la mano y descubrir juntos la vida.

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